domingo, 18 de enero de 2009

Él.

Hace mucho que no se nada de él... y hoy me levante pensando eso.
No pude dormir bien, fue una noche pesada, me desperté en la madrugada y no pude volver a conciliar el sueño. Me hizo recordar esos meses en los que no podía dormir, ni comer, ni estudiar, ni concentrarme en nada. Volví a sentir esa angustia aplastante en el pecho y la intranquilidad de no haber hecho algo a tiempo.
Abrí los ojos y vi ese peluche que me dio... miré a mi alrededor y me di cuenta de que muchas de las cosas a las que estoy tan acostumbrada, me hacían recordarlo. No pensaba en él... bueno, pensaba que no me importaba más, que ya había dejado atrás todo ese enredo en el que habíamos vivido tanto tiempo pero ahora no puedo dejar de pensar si estará bien… ¿Será feliz?
Ahora que lo pienso, yo SI fui muy feliz a su lado, pero tú sabes… las cosas se deterioran si no las sabes cuidar y creo que ninguno de los dos lo supimos hacer.
Aunque él fue quien me hirió primero, yo no supe manejarlo, (tengo que admitir que exageré) y el despecho se apoderó de mí, de mis sentidos, de mi cordura.

Pensándolo bien, ahora que las cosas están tan lejanas y claramente calmadas, me doy cuenta de mi estupidez. Lo “perdoné” pero mi orgullo pudo más y bueno creo que no es necesario describir lo que vino después.

Cuando me di cuenta de que lo había perdido, no supe que hacer... quería estar con él, quería que me perdone pero no sabia si era lo correcto… de repente era muy egoísta de mi parte porque merecía ser feliz, merecía a alguien mejor.
Ja… y fue rápido.
Como sea, decidí intentar vivir con eso… intentar recuperarlo, con todo lo que eso implicaba. Su confusión, su desconfianza.

Ahí empezó mi pequeño calvario. Lo primero fue no poder concentrarme, tenía y debía estudiar, pero simplemente no podía. Solo pensaba en él… en que sería lo siguiente que haría para él o que excusa pondría para acercarme, para llamarlo.
Luego mi apetito se esfumó, si comía era porque lo necesitaba, no porque tuviera ganas... es decir, en algunos momentos tenía hambre, pero al ver la comida simplemente no podía. Así hasta mi comida favorita podía parecerme lo más repulsivo. Lo que me llenaba era la angustia.
En algún momento me llegó a gustar sentir hambre… eso de alguna manera podía aplacar el dolor que también tenía en el pecho. Casi simultáneamente con eso mi sueño desapareció, cuando por fin me quedaba dormida, era muy tarde y no duraba mucho, me despertaba varias veces durante la madrugada y se me quitaba el sueño por completo a las cinco de la mañana.
Las horas se pasaban tan lentas, no solo en las mañanas sino durante todo el día… esos meses fueron interminables. Yo misma me aislé de nuestros amigos porque sabía que obviamente no aceptaban lo que yo había hecho y creía que ellos mismos no me hablarían.

¿Ya estará despierto?